miércoles, 2 de diciembre de 2020

GRANADA, la magia del agua.


Paloma y JC en una de las ventanas de la Torre de Comares, en la Alhambra.

Si tuviéramos que valorar por gustos las tres ciudades que visitamos Granada sería la segunda que nos encantó. Es inolvidable la subida a la Alhambra una mañana temprano de primavera, sin apenas turistas, con los rayos de sol traspasando la espesa arboleda que enmarca el camino y el sonido de los pájaros y del agua corriendo por los dos riachuelos de agua fresca y clara a cada lado del camino. El agua que estará presente durante toda nuestra visita por la Alhambra en cada rincón  y a la que tanta importancia dieron los árabes a la hora de planificar tan monumental construcción.

Palacio de Comares.

El palacio de Comares rodea por completo el Patio de los Arrayanes o de los Mirtos, que es la planta que crece en sus jardines y cuya flor blanca le dan un agradable olor y vistosidad. El mirto (de los griegos) o arrayán (de los árabes) es un arbusto originario de la cuenca mediterránea, de tipo leñoso y de hojas y flores perfumadas, ideal para la jardinería sostenible. El palacio de Comares está considerado como una de las joyas de la Alhambra. Desde la Torre de Comares, la más alta de la Alhambra (45 metros) hay unas espléndidas panorámicas de la ciudad y los jardines.


Paloma en el patio de la Acequia uno de los jardines del Generalife, construido en torno a un largo canal central donde los surtidores de agua que manan a ambos lados dibujan una imaginaria arquería.

El Generalife.

Generalife significa jardín del arquitecto. El Generalife se construyó sobre la colina del Cerro del Sol, colindante con la Alhambra. En sus orígenes debió ser una mansión de recreo del arquitecto pasando con el tiempo al patrimonio real. El Generalife tiene también unos amplios jardines, donde cada rincón depara una novedad y una agradable sorpresa para la vista,  y una edificación reducida al mínimo como estancias. Lo más bonito del Generalife es contemplar cómo el agua se convierte en una parte esencial de su belleza y disfrutar de sus continuos juegos con la luz, el sonido y las plantas. 


Preciosa vista de uno de los torreones de la Alhambra desde el barrio del Sacromonte de Granada.

Las vistas desde el barrio del Sacromonte.

Otro de los sitios que nos gustó mucho fue el recorrido por los pintorescos barrios del Albaicín y Sacromonte donde se palpaba en cada rincón el ambiente más auténtico y andaluz de sus gentes. En estos enclaves hay varios miradores desde los que poder contemplar en todo su esplendor el conjunto de la Alhambra. 

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