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| Paloma en una de las pintorescas callejuelas del barrio de Santa Cruz de Sevilla. Más guapa no pudo salir. |
En principio en Sevilla teníamos pensado alojarnos en un hostal y así lo hicimos nada más llegar pero ...
Cuando llegamos al hostal de cuyo nombre no quiero acordarme nos dieron una habitación en un primer piso. Subimos rápido para dejar las mochilas y la tienda con la ilusión de dormir por fin en una cama después de varios días de hacerlo sobre el duro suelo. Nuestra sorpresa empezó cuando vimos que las paredes de la habitación estaban totalmente "tapizadas" de manchitas de color rojo. Enseguida nos dimos cuenta que eran manchas de sangre de mosquitos aplastados contra la pared. Aún así esperamos a la noche a ver qué pasaba. Cenamos unos bocadillos y nos fuimos pronto a dormir porque estábamos algo agotados del viaje desde Granada. No pasó mucho tiempo cuando los mosquitos invadieron la habitación. Paloma que no soporta los mosquitos porque, según ella, siempre va a ella a picarle, dijo que no estaba dispuesta a pasar allí la noche y a eso de las diez le dijimos al responsable del lugar que nos íbamos a un camping porque aquello era insufrible. Llegamos al camping más cercano hacia las once de la noche, nos dieron parcela, montamos la tienda y, una vez más, volvimos a dormir sobre el duro suelo. Cuando despertamos y salimos al exterior por la mañana temprano nos dejó impactados un estruendo en el cielo cuando de repente vimos el vuelo rasante de un avión que parecía que se nos venía encima. Como pudimos comprobar un poco más tarde el camping estaba justo al lado del aeropuerto de Sevilla y por encima de él transcurría un pasillo aéreo para despegue y aterrizaje de los aviones. Pero mejor era esto que los picotazos de los malditos mosquitos.
Sevilla nos la pateamos de cabo a rabo, desde el barrio judío de Santa Cruz con sus pintorescas callejuelas y patios encalados, hasta el impresionante parque de Maria Luisa, pasando por la catedral y su Giralda, el real Alcazar construido en 1364 por los almohades, y la torre del Oro, a las orillas del Guadalquivir.
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| Paloma sentada en la puerta de acceso a la Torre del Oro, atalaya construida en 1220 a la orilla del Guadalquivir. |
La Torre del Oro
En la Sevilla musulmana la Torre del Oro formaba parte del recinto amurallado y estaba unida al Real Alcázar. Fue construida como atalaya en 1220. En 1760 se le incorporó la torreta de remate. Su nombre es porque en su día estaba cubierta en su exterior por azulejos dorados. A lo largo del tiempo ha tenido diversos usos: polvorín, capilla, prisión y oficina portuaria.
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| Paloma en la plaza de América del Parque de Maria Luisa, también conocido como parque de las palomas. |
Parque de Maria Luisa
En 1893, la princesa María Luisa Fernanda de Orleans donó a la ciudad de Sevilla la finca del palacio de San Telmo para crear un parque. El ajardinamiento lo hizo Jean Forestier, director del Bois de Boulogne de París, que creo un frondoso maco para la Exposición Iberoamericana de 1929. Dentro de este gran parque se encuentra la plaza de España, la plaza de América, un pabellón Mudéjar donde se ubicó el museo de Artes y Costumbres Populares y otro pabellón que cobija el museo Arqueológico. También se encuentran grupos escultóricos como el de la Glorieta de Becquer en homenaje al poeta romántico sevillano.
Monumento en honor a Becquer
En 1910 el Ayuntamiento de Sevilla hacía pública la propuesta hecha por los Hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero de levantar un monumento en honor a Gustavo Adolfo Bécquer. Para ello, la edición de su nueva obra, “La Rima Eterna”, vendría a empujar la financiación de la obra, destinando el producto íntegro a este fin. El proyecto se encargó al afamado artista Lorenzo Coullaut Valera, que trabajó en la obra desde su estudio en Madrid. Por su parte el escultor Bechini se encargó de finalizar las piezas materializándolas en mármol blanco de Carrara. El monumento se inauguró el 9 de diciembre de 1912. El Monumento a Bécquer está compuesto por el busto del poeta sobre pedestal, una figura de bronce que representa el amor vivo en el momento de “herir” a tres damas, que simbolizan las tres fases del amor: el que llega, el presente y el que se va. Al otro lado, el amor herido yace muerto, sin flechas. Todo el conjunto gira en torno a un enorme ciprés de los pantanos.
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| Paloma posa con un paloma al hombro junto a la fuente de las palomas sita en la plaza de América del parque de Maria Luisa. |
Las fuentes de las palomas
Siempre que vamos a visitar cualquier sitio, si vemos una plaza o monumento dedicado a las palomas ahí que vamos directos. En Sevilla, dentro del parque de Maria Luisa, en la plaza de América, quedan dos de las cinco que hubo en un principio fuentes llamadas de las palomas por la gran existencia de estas en el lugar. Hasta tal punto que al parque de Maria Luisa también se le llega a conocer como Parque de las Palomas. El conjunto de las fuentes y la escultura de una muchacha en posición arrodillada sosteniendo un cuenco grande que hace de fuente fue diseñado por Juan Ramón Lafita en 1964. Lamentablemente salió en la prensa que fue destrozada en un acto vandálico en 2017. Desde hace dos años todo el entorno, incluidas las fuentes han sido restauradas.
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