miércoles, 2 de diciembre de 2020

Cuando éramos mochileros y campistas.



Paloma (19 años) y Juan Carlos (25 años) en una parada de autobús en Córdoba con las mochilas al hombro y el saco con la tienda de campaña apoyado en el poste.

Todo tiene su edad y desde luego cuando se tienen los años de la juventud (19, paloma, 25 yo) lo que te apetece es viajar libremente, sin horarios ni ataduras. A Paloma y a mí nos gustaba mucho ir de camping. Un domingo compramos en el Rastro de Madrid una tienda de campaña de doble techo que se guardaba en un enorme saco color naranja que pesaba casi veinte kilos y con ella nos recorrimos, primero de solteros y luego ya con Mónica y Elena,  varios rincones de España como Potes (Picos de Europa), Parque de Monfragüe, playa de El Saler (Valencia) o Jarandilla de la Vera en el valle del Jerte (Cáceres). Y antes de casarnos, en 1978, también con ella, recorrimos las tres capitales andaluzas: Córdoba, Granada y Sevilla, donde conocimos campings para todos los gustos. El mejor fue el camping municipal de Córdoba y el más sorprendente fue el de Sevilla como ya os contamos en nuestra entrada sobre la visita a esta ciudad. 


No es que sea nuestra mejor foto pero como es la única que hay del camping de Sevilla os la ponemos aquí para que os hagáis una idea del equipamiento y la tienda de campaña que llevábamos.

Descampado del camping de Sevilla en el que nos alojamos. Por encima de aquí hay un pasillo aéreo que permite ver muy de cerca y con algo de temor y sorpresa el despegue o aterrizaje de los aviones.


Nuestra tienda con techo de lona azul montada en el camping municipal de Córdoba.


En Córdoba estuvimos en este camping municipal, El Brillante, el mejor en cuanto a calidad equipamientos y precios de los tres donde nos alojamos en nuestro viaje por Andalucía.